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Hola amigos,
Ya todos sabemos que hay dos prácticas básicas en fotografía: La de usar objetivos fijos o zooms.  Es vidente y desde hace ya bastantes años, que cada día que pasa, los zooms tienen más adeptos porque son de mejor calidad, y su precio se ha ido ajustando al mercado. Siempre he sido un firme defensor de las ópticas fijas por dos razones:

1º-Ofrecen una mayor calidad de imagen a un precio inferior.
2º-Obligan al fotógrafo a concentrarse en el encuadre y composición de su imagen.

El zoom por definición provoca una cierta pereza en la práctica diaria, y suele ser generalmente un freno para el progreso del fotógrafo.  Es evidente que si nos ubicamos en un lugar fijo, incluso sentados, podemos gracias al zoom cambiar el encuadre y composición de la imagen sin necesidad de moverlos. No obstante, el cambio de focal que implica el uso del zoom, hace que la imagen resultante no siempre sea la que buscamos, y pondremos un ejemplo sencillo:

Si trabajamos con un encuadre de 35mm FX porque esa es nuestra percepción de la realidad de una escena de calle con un 35mm fijo, tendremos que andar a veces unos cuantos pasos hacia adelante o hacia atrás hasta encontrar el encuadre que más se adapte a lo que deseamos capturar. Evidentemente, usar una focal concreta como esta de 35mm (es un simple ejemplo que se puede extrapolar a cualquier otra focal) equivale a un rendimiento óptico propio de dicha focal, lo cual implica que vamos a tener en concreto: Una profundidad de campo concreta con un diafragma concreto y una perspectiva resultante que son las que marcarán el carácter de nuestra toma. Digamos que esas tres variables están indisolublemente ligadas a la focal empleada, que en este ejemplo es de 35mm.

Si en lugar de un 35mm fijo, usamos un zoom, y para no movernos bajamos a una focal de 24mm o subimos a 50mm, esas tres variables cambian tan drásticamente que la toma ya no es en absoluto la misma. No habrá empeorado ni mejorado, simplemente será totalmente distinta.

En un reportaje sobre un acto concreto como por ejemplo una boda, la prioridad de todo fotógrafo es el sujeto a fotografiar. Ya sea el novio, la novia, la familia, los invitados, etc... Evidentemente en ese marco de trabajo, el sujeto  acapara toda la atención por delante de cualquier otra consideración. que será siempre secundaria. Por eso mismo, la inmensa mayoría de los fotógrafos de bodas y eventos similares hacen uso casi exclusivo del zoom, y esa práctica es de lejos la más acertada. En la mayoría de los casos, el profesional no tiene tiempo para cambiar de ubicación, y su trabajo consiste en capturar momentos que pasarán a ser inolvidables para la pareja y sus familiares.

Teniendo en cuenta esta última consideración, el zoom es una herramienta clave en reportajes donde el fotógrafo está presente para inmortalizar a unas personas en momentos cruciales de su vida. Discutir sobre si es mejor un objetivo fijo o un zoom en este contexto es una soberana sandez. Si bien hace años, las bodas se realizaban con objetivos fijos simplemente porque los zooms no existian. Cuando este tipo de lentes empezó a aparecer, eran excesivamente caros y ópticamente malos. Solo se empleaban cuando no había otra escapatoria. Hoy el mundo ha cambiado para bien, las lentes de tipo zoom son (en general) bastante mejores que los fijos de antaño, y ya no hay razón alguna que justifique su rechazo.

Dicho esto, no debemos olvidar que el acto fotográfico en sí, no se limita a realizar reportajes de bodas, bautizos y comuniones: El acto fotográfico en si mismo es un proceso creativo a la vez que técnico. Por un lado es imprescindible (en mi modesta opinión) tener claros los dos pilares que sustentan el acto de tomar una fotografía, y que son tan viejos como dicha disciplina: El uso de un diafragma y una velocidad de disparo adaptados a la toma que queremos realizar. Todos sabemos que el diafragma va a incidir en la amplitud de zona de nitidez deseada, y la velocidad de dispario, marcará  la tasa de congeliación en los eventuales movimientos de la escena captada.

Al dominio técnico de estas dos variables antes citadas, se une la capacidad del fotógrafo para interpretar la escena. Ahí es donde entra el buen gusto y, la creatividad del que lleva la cámara en sus manos. Es evidente que alguien sin gusto o sin uno mínimo interés por temas como composición, dominio de las luces, sentido de la oportunidad para capturar un gesto concreto, etc...  podrá ser un buen técnico que saque fotos bien expuestas, pero nunca alcanzará una alta calidad en su producción de imágenes.

Dicho esto, la primera prioridad de todo fotógrafo, ya sea profesional o aficionado consiste en hacerse la siguiente pregunta: ¿Que objetivos elegir para cubrir mis necesidades?

Si partiéramos de la base de un presupuesto infinito, la respuesta sería sencilla: ¡ Todos los que mi cámara soporte !. Cool

Ya que, desgraciadamente, ninguno estamos en esa situación, hay que saber priorizar y analizar todos los pros y contras de cada óptica que queramos adquirir con el fin de comprar y pagar una sola vez. Siempre se ha dicho que los pobres no nos podemos permitir el lujo de comprar barato. Solo los ricos pueden comprar algo que no les sirve y luego volver a comprar otra vez algo que tal vez les sirva, hasta que tras dar varios tumbos acaban comprando lo que realmente les es de utilidad.

En mi práctica diaria de la fotografía de aficionado insatisfecho que siempre busca mejorar tanto su técnca como su equipo, me he tenido que enfrentar al dilema que aquí planteo, y siempre acabo por llegar a disponer del máximo de ópticas posible en función de mi práctica fotográfica. Ya que por razones de salud y preferencias, no me dedico a la fotografía de animales ni a los safaris fotográficos, entiendo que una focal de 200mm es ya un teleobjetivo para mi, me de momento no encuentro utilidad alguna en disponer de un 300mm o un 600mm que dicho sea de paso, cuestan más de 6000€, así que dentro del sindrome de adquisición de equipo, me libro de las ópticas más pesadas y caras.

Me gusta el reportaje, hago reportaje, y por eso mismo dispongo de los zooms que considero acertados para su práctica. No obstante, me gusta salir ligero y tomar a las personas en sus quehaceres diarios, me gusta tomar el pulso de una ciudad y sus gentes, me gustan los paisajes urbanos y rurales, etc.. En esa práctica, entiendo que debo privilegiar los objetivos fijos. Son generalmente más ligeros, me obligan a pensar más en cada una de las tomas, y entiendo que eso me hace progresar técnicamente y creativamente.

Ambos modelos de trabajo son compatibles y complementarios. Por consiguiente, no seré yo quien diga que es mejor un fijo que un zoom, o vice-versa. Allá cada cual con sus preferencias, ya que en mi modesta opinión, cada tipo de lente tiene su utilidad concreta, y lo ideal es poder aprovechar su potencial al máximo. Laughing


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